domingo, 29 de noviembre de 2009
Los peques fueron creciendo y a cada día que pasaba, sus rasgos eran más lindos. Ambos tenían una cabeza muy amanzanada y un hocico muy chato. Cada cual tenía su encanto, mientras Buddy lucía un bonito pelaje blanco como la nieve, Maya enamoraba por su tamaño diminuto.
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